¿Tus euros en peligro? Por qué las stablecoins preocupan al BCE

Updated on Nov 26, 2025 at 10:09 am UTC by · 4 mins read

Entre estas dos visiones, los usuarios se encuentran en el centro del juego.

Las stablecoins debían tranquilizar. Hoy inquietan al Banco Central Europeo (BCE). Para Fráncfort, su rápido crecimiento podría convertirse en un verdadero problema para las finanzas mundiales.

¿Las stablecoins se han convertido en un riesgo sistémico?

Una stablecoin promete valer permanentemente 1 dólar o 1 euro. En teoría, esta estabilidad descansa sobre reservas en efectivo, bonos del Tesoro estadounidense u otros activos líquidos. En la práctica, esta promesa solo se mantiene si todo el mundo sigue creyendo en el reembolso «a la par».

Así, el BCE insiste en un punto central: la principal debilidad de las stablecoins sigue siendo la confianza. Una corrida se asemeja entonces a una estampida bancaria clásica, pero a la velocidad de los mercados cripto.

Además, estos tokens ya desempeñan un papel clave en el ecosistema. Cerca del 80% de los intercambios en las grandes plataformas se realizarían contra stablecoins. Sirven como aparcamiento de liquidez, puente entre las mejores criptomonedas para invertir y las finanzas tradicionales, y medio de pago casi instantáneo.

El problema radica en el tamaño de los actores dominantes. USDT y USDC figuran entre los mayores compradores de deuda pública estadounidense a corto plazo. En consecuencia, una corrida importante forzaría a los emisores a vender sus reservas de urgencia. Esta venta precipitada podría perturbar el mercado de deuda, considerado uno de los pilares de las finanzas mundiales.

Europa prudente, Estados Unidos a la ofensiva

El BCE va más allá sobre el riesgo para Europa. Si una misma stablecoin es emitida por una entidad de la UE y otra fuera de la UE, los inversores elegirán sin duda la estructura más sólida para que se les reembolse.

Así, el emisor europeo podría quedarse corto de reservas, mientras permanece bajo la supervisión de las autoridades europeas. El riesgo de contagio al mercado europeo se vería entonces amplificado. El banco central también se inquieta por otro efecto más discreto.

La idea de stablecoins remuneradas preocupa particularmente. Estos productos competirían directamente con las libretas de ahorro y ciertas cuentas a la vista. Por eso el reglamento MiCA prohíbe las stablecoins remuneradas en euros dentro de la Unión Europea. El objetivo resulta claro: limitar la desintermediación bancaria y evitar que la financiación de los bancos se vuelva demasiado inestable.

Mientras Europa aprieta las tuercas, Estados Unidos ha elegido otro camino. La administración Trump ha defendido un discurso ambicioso sobre las criptomonedas. Oficialmente, el objetivo es convertir a Estados Unidos en la «capital cripto del mundo».

La ley GENIUS Act, adoptada en julio, crea un marco nacional para la emisión y el uso de stablecoins. Busca encuadrar los tokens, sobre todo los vinculados a las finanzas descentralizadas (DeFi) y a los rendimientos elevados. Sin embargo, este marco también aporta una forma de validación política a esta industria.

En consecuencia, grandes grupos se están posicionando. Gigantes tecnológicos como Amazon, Meta o PayPal, pero también grandes bancos, contemplan crear sus propias stablecoins. Un banco de inversión de primer nivel anticipa incluso una capitalización cercana a los 750.000 millones de dólares en los próximos años. El mensaje queda claro: las stablecoins ya no son una simple herramienta de traders cripto.

En Europa, el tono resulta más comedido. El BCE reconoce que el riesgo directo para la zona euro permanece limitado por el momento. La mayoría de las stablecoins están vinculadas al dólar e invertidas en activos estadounidenses. Así, los lazos con los mercados financieros europeos siguen siendo reducidos. No obstante, el banco central no quiere revivir la sorpresa de 2008 e insiste en la necesidad de vigilar de cerca este mercado.

Entre estas dos visiones, los usuarios se encuentran en el centro del juego. Por un lado, las stablecoins siguen siendo indispensables para operar, cubrirse y mover fondos rápidamente. Por otro, la presión regulatoria continuará aumentando, especialmente sobre la transparencia de las reservas y la gestión del riesgo de corrida bancaria. A largo plazo, la verdadera pregunta será sencilla: ¿qué se romperá primero, una stablecoin importante o la paciencia de los reguladores?

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